Os presentamos esta nueva sección de artículos sobre educación. Montse Casanova, psicopedagoga, madre y directora de Amatista, reflexiona sobre los retos que nos plantea la Educación del Tercer Milenio.
Educando desde el Corazón
Nuevos
niños, nuevos retos
Montse Casanova desde Espai Amatista,
Llavaneres. Psicopedagoga y madre.
“los
niños son una puerta para que nosotros podamos recuperar la magia que un día
tuvimos”
Andrea Cassandra, Anahayanda
Enseñarles a vivir y a ser felices
Los
hijos, los niños, los bebés… son los que acaban de llegar, acaban de emprender
un viaje en una dimensión y en una vibración mucho más pesada y densa que la
del espacio de donde proceden: la Luz.
Algunos
vienen con ímpetu, con ilusión… a otros les cuesta decidirse e incluso los hay
que se niegan a venir: demasiado trabajo, demasiado duro.
Y
es que no es fácil meter un alma sabia, anciana, e ilimitada en un diminuto
cuerpo que apenas atina a chuparse el dedito.
Casi
mejor olvidar…
Y
ahí estamos, nosotros los adultos, los que “sabemos” como son las cosas, los
lógicos y los racionales, con nuestras viejas estructuras a cuestas: nos
aplastan y nos oprimen pero creemos que son necesarias y nos dan seguridad.
Armados
de amor y buenas intenciones pensamos que debemos enseñar a los niños a vivir, a ser felices.
“Son tan frágiles e indefensos…” decía un papá reciente con su
bebé dormido en brazos. A saber que pensaba el niño, quizás algo como “pobre, tan desorientado y desconectado de
su propia Luz. He venido para echarle una mano, por amor”.
Enseñarles a vivir
y a ser felices…
Los
niños poseen la magia, tienen el Don Divino de creer o saber que todo es
posible, que los límites no existen, el poder inmenso de la imaginación…tienen
el Don del intenso momento, del aquí y ahora… El Don de maravillarse y
extasiarse con una mariquita que se posa en su dedo y de repente emprende el
vuelo.
Nosotros
los adultos tenemos la oportunidad de aprovechar la puerta hacia la Luz que nos
abren los niños. Aprovechar y aprender a vivir con el corazón puro, sin rencor,
sin pasado ni futuro, sin juicios ni sermones morales…
Aprender
lo que es el amor incondicional, la
entrega… Aprender a ser felices observando el trabajo de las hormiguitas, o
jugando o saltando…
“Bueno, bueno,
todo esto es muy bonito pero entonces significa que debemos ser infantiles,
irresponsables e incluso alocados? Quién se hace cargo de lo importante, de lo
serio, de pagar la hipoteca?”
Es
cierto, los adultos debemos asumir muchas responsabilidades que a veces parecen
los doce trabajos de Hércules:
La
primera: ser felices y vivir con conciencia y plenitud cada momento. Si
pretendemos que nuestros hijos sean felices lo primero que tenemos que procurar es hacernos cargo de
nuestras propias necesidades básicas como seguridad, amor, compartir, crear…
La
segunda: ser honestos. Vivir conectados con nuestro interior siendo fieles a
nosotros mismos en todas las situaciones y contextos de la vida.
La
tercera: Entregarnos a nuestra misión. No andar dormidos y distraídos en tareas
miles que nos apartan de aquello que vinimos a hacer o a aprender.
La
cuarta: vivir comprometido con la evolución personal que repercute en la
Evolución de la Humanidad y del Planeta. No es necesario nacer sabiendo pero si
permanecer abierto y atento para aprender algo nuevo cada día.
Y
tantas otras tareas arduas que requieren tesón y esfuerzo
¿Y para ayudar a
nuestros pequeños?
Hacer
todo lo posible para que los adultos les permitamos ser ellos mismos,
desarrollar sus Dones y realizar sus aprendizajes.
Tratarles
con el respeto y el amor con que trataríamos a un buen amigo. ¿Y protegerles?
Pues sobretodo protegerles de nuestros miedos, de nuestra lógica aplastante, de
los abusos de poder, de las faltas de respeto, los ataques a su dignidad e
identidad, de la violencia aunque sea institucional o “por su bien”…
En
definitiva darles herramientas y dejarles vía libre para que ellos puedan
ayudarnos a crecer y a ser felices en nuestro bello planeta.
Así pues os invito
a aprovechas al máximo la puerta que abre un bebé al nacer para entrar en un
mundo maravilloso de espontaneidad, y conexión.
Un mundo que
existió, existe y existirá en nosotros si sabemos mirar con ojos de niño.
Montse
Casanova
Julio 2014
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